Nerissa, un barco clásico de madera de los 60.

Experiencias de navegar en un barco clásico de madera.

Navegar en el Nerissa es una experiencia muy agradable. Navega muy rápido, se desliza en las olas, ciñe muy bien, uno lleva la rueda con dos dedos prácticamente.

Un barco muy fácil. Es un barco que tiene el palo de aluminio, original. La cubierta es original, de teca, tiene 50 años. El casco es el original, también es de teca, tiene 50 años, y la caseta que está toda barnizada también es de teca. Para mantener el barco, si algo se rompe, pues intentamos arreglarlo de la manera más clásica, lo más fiel a lo original posible.

El único cambio importante que hemos hecho en el barco  ha sido el motor. El motor antiguo se estropeó varias veces, era muy antiguo, llevaba muchos años a bordo. Y lo tuvimos que cambiar por falta de piezas, ya era imposible arreglarlo. Planteé buscar un motor nuevo, buscando en el mercado todos los motores alrededor de 60Cv. Tenía que tener una gran potencia a bajo número de revoluciones. Tenía que tener un par máximo importante, también a bajo número de revoluciones, porque las revoluciones del motor se transmiten a la estructura del barco y cuanto más bajo vaya el motor, mejor. Y elegí el Solé como finalista por una cuestión de pesos, el barco está en su línea de flotación original.

Una cosa que me gusta mucho de mi motor Solé es, primero que la estructura del motor es de fundición. Y otra es el hecho de la electrónica, que Solé tiene un poco menos, gracias a Diós y eso es lo que yo buscaba. En un barco clásico el motor tiene una importancia relativa. Sin embargo es importantísimo que el motor esté siempre funcional y no falle.

Y el Solé, la verdad, nunca ha fallado. El Nerissa participa en las principales regatas de barcos clásicos. Las regatas de barcos clásicos son muy importantes para su mantenimiento, porque fomentan la participación de gente que no se hubiera planteado nunca participar con un barco clásico, y al mismo tiempo, para ganar, se necesita que ese barco clásico esté bien mantenido en su originalidad precisamente. Es mucho más que navegar. Es lijar, barnizar, etc.

Todo esto supone un sacrificio, seguramente, Pero al mismo tiempo es un placer. Porque al barnizar, al lijar, al cuidar del barco, se le está acariciando, se le está conociendo incluso en recovecos en los que uno no entraría normalmente Y es un placer luego, cuando el barco está todo pintado y en perfectas condiciones, verlo, despertarse dentro y ver todo el ambiente magnífico y original, y luego recibir también la gente que te dice lo bonito que es el barco, etc, también cuando estás navegando.